lunes, 1 de octubre de 2012

Ébano y Cyan


Ya debería haber muerto. No hay agua , ni comida, llevo aquí más de… he perdido la cuenta, no sé cuanto tiempo llevo aquí, no duermo ni me canso, siempre despierto. No hay día, ni noche.. El “cielo” o lo que parece ser cielo, se confunde con el suelo, dos pálidas superficies lisas, como un líquido estancado y denso. He probado a correr, no sé cuanto, no me canso, no respiro, me tropiezo y no duele, no avanzo. Todo es blanco, insípido, incoloro, etéreo.

Todo menos eso. El edificio. El bloque, un descomunal monolito de cristal negro, de haber nubes, seguramente estaría por encima de ellas. Pulido, gigante. Ébano. Lo he llamado Ébano. No me he acercado aún. Ébano me observa, nos miramos y ninguno parece entender nada del otro, no sacamos nada en claro. Es aterrador, mejor dicho debería ser aterrador, pero no me asusta. Me llama. El riesgo gusta, es el morbo. Me atrae. Probablemente nunca entre dentro, ¿o sí? Quizás cometa esa locura. Una bonita locura.

Para cuando me doy cuenta,  ya estoy caminando hacia Ébano. Cada paso es más tenso, más nervios, cada paso hacia Ébano es un mundo. Nervios, angustia, curiosidad, intriga, miedo. Sigo pensando en lo que me espera allí, cierro los ojos, imaginando, no dejo de caminar y para cuando los he abierto, Ébano me ha envuelto. Llevaba tanto tiempo sin sentir nada que quería acercarme a lo único que que había sido capaz de hacerlo, este monolito, negro y oscuro, desconocido pero familiar. Dentro es otro lugar, otro tiempo, otro universo. No sabría medirlo desde fuera, pero la impresión que da desde dentro es que no parece tener fin. Cientos de metros de luz apagada, de negro, paredes negras aire negro, y una luz azul. Todo brilla, un fulgor azul que permite ver la arquitectura imposible de este lugar. El fulgor me sigue, me rodea, juguetea alrededor de mí con las sombras poniendo luz azul por donde pasa, Cyan. Otro nombre, Cyan, así lo he bautizado. Cyan me sigue por las entrañas de Ébano, suenan los pasillos a tormenta, crujen. Mi camino acaba ante una puerta, se abre y por simple curiosidad, entro.

Caigo de bruces, huele a verde, un saltamontes se pasea por mi brazo, el césped me hace cosquillas en la nariz. Esto no es Ébano. Hay sol y un cielo con nubes, respiro rápido, estoy nervioso. Veo a una mujer gritando mi nombre, “te has caído?” pregunta, me intento levantar emocionado y Ébano me envuelve, me arrastra fuera de ese lugar, la puerta me escupe y vuelvo a estar entre los brazos de Cyan, Ébano se estremece y  crujen sus paredes. No sé que ha sido eso, desorientado me levanto y echo a correr, busco otra visión, otra puerta, quiero volver a  ver más cosas, me resultaba familiar, como si lo hubiera visto antes. No es posible, reconocía a gente, pero solo he conocido Ébano y el mundo blanco de fuera. Sigo corriendo, me tropiezo y empujo otra puerta al caer. Hace calor,  huele a gente, bastante gente, somos unos veinte sentados en mesas de madera. Mirando hacia el hombre delante de una pizarra que habla, aún no le entiendo, suena difuso. Leo la portada del libro enfrente de mí : “Matemáticas 2º ESO” Tantas nuevas sensaciones, que me son conocidas, imposible, pero hay olores conocidos, colores, luces, gente… gente que me mira, estoy de pie, la clase se ha parado. Me estoy muriendo de vergüenza, me pongo más nervioso, tanto que Ébano vuelve a rodearme y sus pasillos vuelven a recogerme. Ha sido extrañamente familiar, pero no lo puedo haber vivido ya, se supone que esto es nuevo, ¿no? Tengo que saber más, más puertas. Se oyen gritos enfadados tras una. Esta. Por alguna razón los gritos también me resultan familiares, muy familiares, suenan a algo muy malo; el sonido de la rabia, del miedo, resignación. La curiosidad puede con el miedo. Adelante.

Estoy cabizbajo con los puños en tensión, no miro a la mujer que en el pasillo de una casa con decoración minimalista me grita. Cada palabra duele, me hace sentir inútil, me atrevo y alzo la cabeza. La miro. Es la misma que hace una puerta, en el césped, la misma, sí, pero mayor. Es un momento horrible, quiero que se acabe. No lo  hace. Me doy la vuelta mientras sigue gritando. Busco alguna forma de volver al silencio de Ébano, los suaves crujidos y el zumbido de Cyan. Me agobio, no hay forma, la ansiedad puede conmigo y me mareo. Entonces me doy de frente con una de las paredes de Ébano. He salido. Me juro no volver a entrar en otra puerta. Juramento que dura poco, pues la adrenalina no da tregua y no puedo estar sin hacer nada, no tras haber conocido algo más que este mundo negro que me rodea y oprime, que da una calma artificial.

Así empieza un frenesí de imágenes en movimiento, de segundos, minutos, a veces horas de historias de una vida. Siempre la misma gente, los mismos lugares. Estoy casi seguro de que es la misma vida siempre, en diferentes momentos. He visto, he sentido, he vivido todo lo que he podido ver de esta persona, de sus recuerdos. Cientos de conciertos,  muchos, mucha gente en ellos estoy siempre formando parte del público. He visto también una casa, debe pertenecer a la persona cuyos recuerdos veo. Está en otro lugar, bastante lejano a la otra. Veo siempre un gato, uno pelirrojo enorme, duerme todo el día. He vivido tantas sensaciones, robadas a alguien, o tomadas prestadas, es algo que desconozco. He sentido lo que el dueño de los recuerdos sintió. Alegría tristeza, vergüenza, rabia, pasión… En una noche sin luna, de Lágrimas de San Lorenzo. El cielo brilla durante los instantes en los que una piedra en la atmósfera arde, se desintegra, para que cinco personas asombradas alcemos nuestros brazos señalando el lugar donde esa estrella, bonita y fugaz, hace segundos que se ha ido. Estamos tumbados dirigiendo las pupilas nerviosas al cielo estrellado, en un concurso acordado en secreto, a ver quién encuentra más estrellas corriendo. Miradas cómplices y emoción contenida, sonrisas en la oscuridad. No puedo volver a encontrar la puerta que me lleva allí, a ese recuerdo tan perfecto. Es más, cada vez son diferentes, nunca se repiten. Por eso los aprovecho, los exprimo, cada olor, color, sabor…cada sentido, son nuevos y a la vez conocidos, tan nítidos que parecen estar ocurriendo en ese momento.Alguna vez he perdido la noción de no pertenecer a ellos, de ser un simple visitante, si no de realmente ser el dueño de ese momento. Ese pensamiento se ha quedado en mi mente unos instantes, aún sigue aquí. Ser el dueño de esos recuerdos. Ser yo quien los guía, vivirlos y dejar atrás la falsa seguridad de Ébano y Cyan, esto no es vida. Quiero una vida, esa vida que he visto esa que de tanto vivir he amoldado para mí. Lo deseo con todas mis fuerzas, escapar de la libertad que da estar aquí sin padecer hambre o enfermedad, prefiero sentir, pagando el precio por ello. Me quedo pensando en esto buscando una puerta, solo hay una. Entro en el recuerdo en el momento en que me estoy durmiendo, nunca antes me había pasado esto, en los recuerdos hasta ahora no dormía, no sé si quiero, siento que me desvanezco y pierdo la consciencia.

* * *
Me acabo de despertar de golpe, menudo sueño. Son las siete menos cuarto, ya va siendo hora. Como cada mañana enciendo el ordenador mientras se hacen las tostadas y me visto después de una ducha de agua fría. Tengo que escribir en el blog, lo abro y empiezo una nueva entrada: “Hoy ha sido un sueño de reencuentros. Reencuentros con mi pasado. Era realmente extraño, había un mundo blanco, un bloque enorme, como el monolito de  Odisea espacial 2001. Dentro estaban mis recuerdos, mi vida. Ha sido la cosa más rara que jamás he soñado. He vuelto a ver toda mi vida a encontrarme con todos los que he conocido, con cada momento. Impresionante. Hay unas palabras que se me han quedado grabadas. Ébano y Cyan. Azul y negro.” Cierro el navegador y apago el ordenador, pronto me olvido de que antes estaba en ese sitio tan raro, oscuro y negro y empieza otra mañana. Buenos días.



domingo, 9 de septiembre de 2012

S.T.

Hay otro tipo sentado en el sillón alargado negro de Ikea. Otro paciente. Paciente, si, hay que ser paciente para estar escuchando. El tipo, mi paciente, relata eso que he oído mil veces, no os voy a decir su nombre, es secreto profesional, un secreto a voces, porque lo que oigo aquí todos los días es idéntico.

No soy de esas personas que gusten de escuchar los problemas del resto, por si no os habéis dado cuenta. Creo que ya le queda poco a este, espero, tengo ya la libreta llena de garabatos. Dos horas son un verdadero suplicio. Ahora lo echaré. Lo típico "ya se nos ha acabado el tiempo", me guardaré la libreta llena de  apuntes inútiles y le haré entender que no hace falta que hablemos nada, que pensaré en su caso. Bueno antes de guardar la libreta escribiré "cansino" en ella. Después se irá por la puerta, al fin, esa puerta al lado de la que, en un cartel negro de cristal con letras plateadas pone "Juanjo Roncero, psicólogo". Se irá como todas las almas que salen de aquí, demasiado expuestas, abiertas en canal, demasiada información. Me agobian. demasiado, cuentan demasiado, no dejan lugar a la imaginación. Necesito salir de la consulta.

Calle. Se está poniendo el sol. Cruzo dos manzanas, voy con ese rumbo involuntario de cuando piensas en tus cosas. Llego a la calle peatonal, la de las tiendas, la gente, sus conversaciones. Hola, aventura. Ahí tampoco tengo rumbo, ni un límite de tiempo, solo el que necesite para sentirme lleno.

Empieza el juego. Me dedico a pasar desapercibido, entre los grupos de gente, parejas. Paso cerca y escucho, como me gusta escuchar, no lo que me diga la gente a mi, si no a escuchar lo que tiene otro destinatario. Tantas posibles vidas, de un solo gesto, unas palabras, el aspecto, historias, gente. Paso al aldo de un inmigrante con sombreros de colores con purpurina, y tres pares de gafas diferentes en la cabeza, lleva un corcho blanco con collares, pulseras, cosas que hacen luz, gafas, más gafas y otras cosas inútiles. Me intento imaginar ya cosas de su vida. ¿Dónde vivirá? de todo eso que lleva, ¿Venderá algo? ¿Quien es? ¿Tiene familia? me dejo llevar por mi mente y me imagino, construyo una vida alrededor de la imagen de esa persona desesperada que busca sobrevivir. Sus sueños, su vida pasada, su presente. Todo sin que haya hecho falta que dijera nada. Ahí tienes la diferencia con mis pacientes. Sin que su boca pronuncie palabra, ni me relate sus penas de forma interminable. Dejo de mirarle, solo ese segundo ha sido mi centro de atención. Eso me deja respirar, poder desconectar, puedo dejarlo atrás, no me persigue ni agobia. Es solo un pasatiempo.

Unos pasos más, me cruzo con un niño que tiene la cara enrojecida, llena de churretones de haber estado llorando y nuevas  lágrimas cayéndole por los mofletes. Se cuelga de la mano de un adulto, que supongo su padre. Interrumpe su llanto cuando una joven sale de una tienda de chucherías de esas con una báscula y productos a granel. la chica lleva un a piruleta, se la da al niño y despide con un beso al padre de la criatura y se va en dirección opuesta a ellos. El niño devora la piruleta, pero poco a poco se da cuenta  de que la chica joven no está con ellos y reanuda su llanto al grito de "¡Mamá, mamá! El padre preocupado le dice que ella pronto va a volver y que esa piruleta es para que se acuerde de ella. El pequeño no comprende.

Doblan la esquina y pronto de jo de oírles, aún queda el llanto de fondo, eso sí. Ya hace rato que les he imaginado una vida, una de tantas posibilidades. Ella va al trabajo, turno de noche, es enfermera. No, trabaja en una tienda 24h. o va a ver a un familiar al hospital. Cosas demasiado complejas para que entienda el niño, que seguramente siga llorando hasta tarde, agobiando al padre que estará pendiente del momento en el que se abra la puerta de casa y pueda volver a descansar de su pequeño.

Sigo y busco otra vida, ávido de más historias, segundos de existencias cotidianas, con tantos matices, vivas, dinámicas. Sonrío mientras me adentro y me enredo en las telaraña de conversaciones y personas de as ciudad. Para sentirme vivo, yo y partes del resto...

viernes, 31 de agosto de 2012

Hide yourself


Escondidos, en tiendas solitarias, detrás de los estantes, escondidos los besos, los abrazos. Fugaces.
Escondidos tras un árbol, arbustos, escondiendo las manos, las caricias.
Escondidos. Ocultos hasta encontrarse y abrazarse uno con otro, uno sobre otro y entonces no esconderse, solo mostrarse y descubrir.

Cada vez más cerca

Conoces la sensación de volar? Yo sí. Se te para el corazón. Caer desde varios metros de altura, pero con los pies en el suelo. Ojos abiertos. El miedo. Pupilas dilatadas. Adrenalina. Gritas, por dentro, no sabes si es   júbilo o terror.

Ahora, prepara tu salto mortal. Va dime si vas a saltar, vívelo, grita- de todas formas el suelo está cada vez más cerca. Aprovecha la caída lo mejor que puedas.

martes, 26 de junio de 2012

Casualidades-cometa

Me acabo de imaginar el mundo como un cielo de playa en verano, donde flotan cometas. Cada una es una vida, que cambia de dirección por el viento y si el dueño es buen piloto, si sabe, lleva su vida por buen camino.

A veces ocurre que dos cometas se van acercando, se enredan sus hilos. Así sus dueños van a recogerlas. Como están enredadas, los dueños van al mismo sitio y a veces, solo a veces, tras esos choques y casualidades, cuando esas dos vidas alzan el vuelo, vuelan a la par. 28

lunes, 25 de junio de 2012

Buenos días

Cogió la almohada y la giró, le gustaba más la parte fría del dorso. Se frotó un poco los ojos con el pulgar y el índice, suspiró, se estiró y fue entonces cuando notó que su peso no era el único que hacía crujir los muelles de la cama.

Levantó la sábana para descubrir la espalda desnuda de ella y recordó la noche anterior. Con cuidado, intentando no despertarla, la rodeó con sus brazos y hundió la cara en su pelo. Los dos sonrieron.

jueves, 14 de junio de 2012

El Lenguaje de los Suspiros

Miró otra vez el número de la habitación apuntado en la página arrancada de la agenda telefónica. 237.entró por una de esas puertas giratorias de cristal, cruzándose con una monja que salía.

Arrugó la nariz al entrar, nunca le habían gustado los hospitales, ni cómo olían. cruzó el vestíbulo, un espacio enorme con plantas que parecían de plástico y mamparas de cristal translúcido separando salas de espera de las que salían suspiros largos y pesados, de resignación, desesperados de alivio y algunos de simple aburrimiento y algunos de simple aburrimiento. Dejó atrás ese amalgama de diferentes historias, un lenguaje de sentimientos y fracciones de pensamientos exhaladas.

Ascensor. -¿Sube? -Sí, piso dos. Rostros serios con la mirada perdida. Primer piso. Suben, bajan. Segundo piso. Él baja, aliviado de dejar atrás tanta gente y al mismo tiempo un ascensor tan vacío. Callados inmóviles, sin mirarse o quizás sin verse. La gente es invisible en los hospitales.

Camina por el oscuro pasillo a oscuras, no invita a entrar. 235...236...237.
Se sorprendió al ver luz saliendo de allí. Se asomó por la puerta y el hombre de la cama le miró, una débil sonrisa iluminó su cara, entre los suspiros de los dos ángeles mortales que velaban por él.Entró y saludó silenciosamente con la mirada a los que allí se encontraban: su tío convaleciente, su madre y la madre de ambos. Se sintió más tranquilo e involuntariamente de su boca surgió entre aliviado y angustiado un suspiro tenue.

martes, 29 de mayo de 2012

Los fines de semana en familia

Lo que pasa cuando te vas un finde  con la familia acabáis en un hotel de esos con decoraciones de gusto peculiar, de la que te puedes imaginar al decorador "esta pared está muy blanca, ponle mármol rosa y a esa otra fórrala de madera" eso junto a los techos de yeso como los de instituto, balcones con jardines colgantes y puertas de cristal por todas partes. Una "preciosidad", vamos.

Por lo demás todo bien, hay un techo de esos con lucecitas como estrellas, un poco exagerado pero ahí está. En los pasillos huele a café del desayuno ( a las tres de la tarde, aún) luego a cloro, dicen que viene del "spa", a los kilos de patatas fritas del buffet y luego otra vez a café. Un cambiante mundo de olores a veces algo agresivos. Es "un hotel para guiris" que dice mi primo y razón no le falta, aunque también está abarrotado de jubilados del Imserso, de esos que bailan "agarraos" en los karaokes del "salón de baile" y se pasan el dia paseando por la playa.

El resto de días que pasas allí son un torbellino de playa, espalda quemada, cloro de piscina rodeada de hamacas, extranjeros enrojecidos, vendedores ambulantes de chanclas y cometas incontrolables en el viento de las tardes.

Era un gato muy siamés, le llamaban Bala

Era un sueño dormido tumbado
junto a las llamas extinguidas, rojizas gemas candentes.
De afiladas hirientes y ocultas,
medias lunas puntiagudas.

Felpudo lanoso acurrucado, en cesto de mimbre
cañas secas y periódicos arrugados.
Él ronca, ronronea y en ocasiones el ruido de una bisagra oxidada
surge de entre sus bigotes, un maullido, llamando la atención.

A mi gato, Lorenzo, que ahora mismo ronca bajo la mesa de mi ordenador.

domingo, 15 de abril de 2012

Olores

Hueles a fresa con ron, como cuando te venías de fiesta hasta tarde, para ver las estrellas y el amanecer.
Hueles a cena en mi casa, de pizza y chocolate blanco antes de dormir.
Huele a lluvia de primavera, a tu pelo negro mojado y tus quejas de no poder alisarlo, no lo sabes pero te queda bien así, y entre los mechones huele a esos ojos oscuros.
Huele a esas preocupaciones absurdas, a los celos y a besos fugaces escondidos en las esquinas o a los alrgos cuando te vas.

Huele un poco a como si me quisieras de verdad.

Huele a todo lo que quiero y lo que odio. Huele a ti.

sábado, 14 de abril de 2012

Time&Space

Hasta dónde sería capaz de llevarte tu deseo si tu sueño se viste de horizonte?

Me pregunto cuánto tiempo hará falta para olvidarse el uno del otro. Creo que bastará con unas cuantas vidas, parece más que suficiente la medida

Para acordarme de ti

He vuelto a pasar por esos lugares que solo existen para que me acuerde de ti.

He pasado por el arco de la iglesia, donde íbamos cuando llovía, por las fila de casas frente al poli donde jugamos los partidos. La valla de al lado del parque, me gusta sentarme en ella. Mi mente ha ido a los castillos hinchables al pasar  por la calle don de los ponen en fiestas, al lado de la piscina.

He bajado a la parada de autobús, de camino acampo de la romería y poco a poco he vuelto a subir, me he parado un segundo en el cruce de calles del camino de vuelta al pueblo, frente a la cochera de mi primo, para seguir sin poder evitar sonreír.

Han sido tantos esos lugares, en verano repetimos.
¿Vale, Herguijuela?

Nota: Herguijuela es el pueblo donde suelo pasar las vacaciones, allí, perdido en Extremadura, pero donde encuentro muy buenos recuerdos.

viernes, 2 de marzo de 2012

El tranvía 23

Fue un domingo por la tarde, a la hora de la siesta, cuando no se puede salir a tomar al fresco y solo están despiertos los niños que esperan poder salir de casa y correr hacia la piscina.
por eso nadie se enteró cuando el tranvía de la línea 23 desapareció de sus vías. era aquel un pequeño pueblo, demasiado para tener tranvía y sobretodo para tener tantas líneas, pero aún así era la joya del municipio.

Por ello, cuando los vecinos de Puerto del Llano despertaron fue como si lo hicieran en una pesadilla. El alcalde, por segunda vez en su legislatura temió que lo destituyeran, "esto no pasaba con el de la Jacinta" gruñían las señoras sentadas al fresco. Los segadores y agricultores de olivos se unieron para buscarlo, pero por pura pereza desistieron enseguida. El incidente produjo un parón en el pueblo, pero como se sabe en la comarca, los habitantes de Puerto son de memoria floja, así que pronto se olvidaron y el vagón número 23 quedó como una leyenda.

Ya nadie se acordaba de la plaga de mejillones salvajes de hace un par de años, aquella oleada de bivalvos agresivos que atacaba las barcas y cualquier otra cosa que flotara en el río. Ni se acordaban del lagarto de tres colas, mala bestia traída de Japón que compró el ayuntamiento para que acabara con la plaga.

Tampoco se quisieron acordar, ya fuera por propia voluntad o por descuido, de lo agresivo que era el lagarto, la gente seguía sin poder usar el río por miedo a un mordisco. Aquella fue la primera vez que el alcalde temió su destitución, las señoras ya murmuraban y los agricultores iniciaron una batida de caza, pero pronto se cansaron y volvieron a sus huertos.

El alcalde volvió a echar mano de las arcas públicas y adquirió un Daara gigante, un bicho, una monstruosidad, que en Indonesia (de donde lo trajeron) decían que era el único depredador del reptil que ahora habitaba en el río. Aquello parecía traído de otro mundo. No tenía ojos ni extremidades salvo la cola. No era más que una voraz y enorme boca con cola. Lo soltaron en el río y pronto se olvidaron de aquel bicho, del lagarto y de los mejillones.

Y como aún eran tan dados a olvidar, nadie lo relacionó con la desaparición del tranvía 23. ni siquiera cuando se oyó al borracho del pueblo voceando que había vito un monstruo con unos dientes enormes en el pozo, rodeado de trozos de metal y asientos de plástico.

Nadie lo escuchó, porque era domingo, todos dormían la siesta y no se podía salir al fresco.

martes, 21 de febrero de 2012

El caminante

Pasa aquel chico, doblando la esquina con zapatillas de tela burdeos y punta de goma, que seguramente antes había sido blanca. lleva americana y en el bolsillo de dentro un boli, dos cuadernos pequeños y un avión de papel. Escucha música, cambiando su paso con el ritmo, sonaban los acordes de Piedraluna y él leía las sombras sobre la acera gris.

Chafa la lata plateada de Coca-Cola vacía y juguetea un rato con la anilla antes de tirarla.

Pasó delante de ti y esperaste que girara los ojos hacia ti para contemplar el azul allí escondido. Pero pasa de largo y pronto te olvidarás de él, como todo el mundo hace.


domingo, 12 de febrero de 2012

Charcos de neón

Antes de que empiece a ponerme a contar mi vida, otra vez ¿Te has parado a pensar? El neón, gas brillante de tubos fluorescentes, plasma que manejamos a nuestro antojo, anunciando un local de strip-tease o una tienda de lámparas, de todo se ha visto. Átomos que colisionan y brillan para llamar tu atención. Ahora imagínate eso ocurriendo en un charco, pequeño e insignificante, pero aún así, llama tu atención...

Las brillantes luces de los focos de neón diluyen sus destellos blanco nácar en el agua que ha dejado la lluvia. Sopla el viento, deformando los brillos.Hace frío y aunque no me suele pasar, tengo frío. un calambre me recorre la columna al recordar los días que han pasado sin oír tu voz.

martes, 7 de febrero de 2012

Emergencia

¿Te has fijado alguna vez en las luces de emergencia apagadas?
No lo están, parpadean.

¿Las has visto?

Dejando vislumbrar lo que podría ser, lo que pudo ser.

lunes, 6 de febrero de 2012

Cloro

Hace calor en esos recuerdos, el césped hace que te pique la piel quemada, tostada al fuego lento de las horas de sol que te han quemado al piel. Recuerdos de la piscina, un día Julio, o tal vez fuera Agosto, el recuerdo está difuso.

Allí está el señor que resopla, cansado de los días de trabajo que hace poco acabaron. Suspira, se siente mayor, cuando acabe el día volverás a casa y dormirá solo, soñando con ella que ya no está.

Está es chica de la cual no sabes ni el nombre. Hoy sonríe, piensa en el chico que conoció ayer, el verano promete.

Una señora en bañador de flores, que rellena bien su cintura, descuida a sus nietos, ellos chafan las hormigas que salen de entre las baldosas de pizarra. Ella se evada entre cotilleos y fotos escandalosas de la cuore.

Al fondo están, bajo una sombrilla de brezo, las madres del grupo de adolescentes que dan volteretas cuando la socorrista nomira.

Y luego, ahí estás tú, no recuerdo qué hacías, creo que hablabas con esa otra chica que jugaba a las cartas, sentada sobre las toallas de todos. Tú con ese bikini tan sexy. Sentada a la sombra del membrillo. Y a veces, solo a veces, me parece ver que me miras, solo a veces.

domingo, 5 de febrero de 2012

Mira, la gravedad

Mira hacia abajo, los veinte pisos que le separan del suelo se le antojan un pequeño escalón, nada más. Se pone en el borde, de puntillas y cierra los ojos, nota los rayos del sol, el viento en las yemas de sus dedos extendidos. Parece que va a alzar el vuelo. Oye, escucha, siente el chirrido de las puerta de la azotea, por la que hace poco ha salido, de fondo el aleteo de unas palomas.

Vuelve a abrir los ojos, mira de nuevo a la calle. Las personas como diminutas hormigas corren de un lado a otro, sus charlas se deshacen en un murmullo ininteligible con el tráfico. Le gusta cómo suena el viento, pero la calle, la gente son para él una cacofonía de quejidos y gritos, los detesta.

La cornisa bajo sus pies se separa de él, poco a poco mientras se apoya en solo en las puntas de sus pies.

Se deja caer.

El suelo se acerca, los sonidos suenan más altos, el viento soplafurioso alrededor suyo. Y él, siente que flota, disfruta cada último segundo de su salto a la fama. Mañana, será noticia.

sábado, 4 de febrero de 2012

Como cada mañana

Como cada mañana en la parada de las palmeras, junto a la gasolinera, él la espera. Pasan muchos autobuses, pero no son el suyo, si no son el de ella.

Y mientra piensa cómo hacer que se fije en él, ella llega: pitillos y converse, escuchando música como cada mañana.

No se sienta a su lado, nunca lo hace, espera apoyada en la parada. La mole roja del autobús frena ante ellos, la suspensión sisea, equilibrándolo.

Línea 16. Suben los dos. Se sienta, él lo hace cerca.

Como cada mañana la mira, sabe que no obtendrá respuesta.

Pero hoy, ese par de ojos marrones y oscuros le miran. Él, ruborizado aparta la mirada disimulando, hace como que mira por la ventana.

Ella sonríe y piensa "como cada mañana".


Nº55 Historias

¿Qué somo sino historias? porque para alguien eres lo que vivido con ellos, una historia, un relato. Y para cada uno de ellos eres una historia totalmente diferente. Piénsalo, eres alguien, sí, pero también eres lo que el resto ha hecho de ti, una historia escrita por todos los que aparecen en ella.

La mía espero que la recuerdes, que te fuera una historia buena... porque créeme, lo era. Muy buena.

Y ¿sabes qué? las historias no se acaban nunca, simplemente se dejan aparte para continuarlas más tarde. Dale tiempo, volverás a escribir en mí.