viernes, 2 de marzo de 2012

El tranvía 23

Fue un domingo por la tarde, a la hora de la siesta, cuando no se puede salir a tomar al fresco y solo están despiertos los niños que esperan poder salir de casa y correr hacia la piscina.
por eso nadie se enteró cuando el tranvía de la línea 23 desapareció de sus vías. era aquel un pequeño pueblo, demasiado para tener tranvía y sobretodo para tener tantas líneas, pero aún así era la joya del municipio.

Por ello, cuando los vecinos de Puerto del Llano despertaron fue como si lo hicieran en una pesadilla. El alcalde, por segunda vez en su legislatura temió que lo destituyeran, "esto no pasaba con el de la Jacinta" gruñían las señoras sentadas al fresco. Los segadores y agricultores de olivos se unieron para buscarlo, pero por pura pereza desistieron enseguida. El incidente produjo un parón en el pueblo, pero como se sabe en la comarca, los habitantes de Puerto son de memoria floja, así que pronto se olvidaron y el vagón número 23 quedó como una leyenda.

Ya nadie se acordaba de la plaga de mejillones salvajes de hace un par de años, aquella oleada de bivalvos agresivos que atacaba las barcas y cualquier otra cosa que flotara en el río. Ni se acordaban del lagarto de tres colas, mala bestia traída de Japón que compró el ayuntamiento para que acabara con la plaga.

Tampoco se quisieron acordar, ya fuera por propia voluntad o por descuido, de lo agresivo que era el lagarto, la gente seguía sin poder usar el río por miedo a un mordisco. Aquella fue la primera vez que el alcalde temió su destitución, las señoras ya murmuraban y los agricultores iniciaron una batida de caza, pero pronto se cansaron y volvieron a sus huertos.

El alcalde volvió a echar mano de las arcas públicas y adquirió un Daara gigante, un bicho, una monstruosidad, que en Indonesia (de donde lo trajeron) decían que era el único depredador del reptil que ahora habitaba en el río. Aquello parecía traído de otro mundo. No tenía ojos ni extremidades salvo la cola. No era más que una voraz y enorme boca con cola. Lo soltaron en el río y pronto se olvidaron de aquel bicho, del lagarto y de los mejillones.

Y como aún eran tan dados a olvidar, nadie lo relacionó con la desaparición del tranvía 23. ni siquiera cuando se oyó al borracho del pueblo voceando que había vito un monstruo con unos dientes enormes en el pozo, rodeado de trozos de metal y asientos de plástico.

Nadie lo escuchó, porque era domingo, todos dormían la siesta y no se podía salir al fresco.