Vuelve a abrir los ojos, mira de nuevo a la calle. Las personas como diminutas hormigas corren de un lado a otro, sus charlas se deshacen en un murmullo ininteligible con el tráfico. Le gusta cómo suena el viento, pero la calle, la gente son para él una cacofonía de quejidos y gritos, los detesta.
La cornisa bajo sus pies se separa de él, poco a poco mientras se apoya en solo en las puntas de sus pies.
Se deja caer.
El suelo se acerca, los sonidos suenan más altos, el viento soplafurioso alrededor suyo. Y él, siente que flota, disfruta cada último segundo de su salto a la fama. Mañana, será noticia.
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