Era un sueño dormido tumbado
junto a las llamas extinguidas, rojizas gemas candentes.
De afiladas hirientes y ocultas,
medias lunas puntiagudas.
Felpudo lanoso acurrucado, en cesto de mimbre
cañas secas y periódicos arrugados.
Él ronca, ronronea y en ocasiones el ruido de una bisagra oxidada
surge de entre sus bigotes, un maullido, llamando la atención.
A mi gato, Lorenzo, que ahora mismo ronca bajo la mesa de mi ordenador.
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