martes, 29 de mayo de 2012

Era un gato muy siamés, le llamaban Bala

Era un sueño dormido tumbado
junto a las llamas extinguidas, rojizas gemas candentes.
De afiladas hirientes y ocultas,
medias lunas puntiagudas.

Felpudo lanoso acurrucado, en cesto de mimbre
cañas secas y periódicos arrugados.
Él ronca, ronronea y en ocasiones el ruido de una bisagra oxidada
surge de entre sus bigotes, un maullido, llamando la atención.

A mi gato, Lorenzo, que ahora mismo ronca bajo la mesa de mi ordenador.

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