domingo, 9 de septiembre de 2012

S.T.

Hay otro tipo sentado en el sillón alargado negro de Ikea. Otro paciente. Paciente, si, hay que ser paciente para estar escuchando. El tipo, mi paciente, relata eso que he oído mil veces, no os voy a decir su nombre, es secreto profesional, un secreto a voces, porque lo que oigo aquí todos los días es idéntico.

No soy de esas personas que gusten de escuchar los problemas del resto, por si no os habéis dado cuenta. Creo que ya le queda poco a este, espero, tengo ya la libreta llena de garabatos. Dos horas son un verdadero suplicio. Ahora lo echaré. Lo típico "ya se nos ha acabado el tiempo", me guardaré la libreta llena de  apuntes inútiles y le haré entender que no hace falta que hablemos nada, que pensaré en su caso. Bueno antes de guardar la libreta escribiré "cansino" en ella. Después se irá por la puerta, al fin, esa puerta al lado de la que, en un cartel negro de cristal con letras plateadas pone "Juanjo Roncero, psicólogo". Se irá como todas las almas que salen de aquí, demasiado expuestas, abiertas en canal, demasiada información. Me agobian. demasiado, cuentan demasiado, no dejan lugar a la imaginación. Necesito salir de la consulta.

Calle. Se está poniendo el sol. Cruzo dos manzanas, voy con ese rumbo involuntario de cuando piensas en tus cosas. Llego a la calle peatonal, la de las tiendas, la gente, sus conversaciones. Hola, aventura. Ahí tampoco tengo rumbo, ni un límite de tiempo, solo el que necesite para sentirme lleno.

Empieza el juego. Me dedico a pasar desapercibido, entre los grupos de gente, parejas. Paso cerca y escucho, como me gusta escuchar, no lo que me diga la gente a mi, si no a escuchar lo que tiene otro destinatario. Tantas posibles vidas, de un solo gesto, unas palabras, el aspecto, historias, gente. Paso al aldo de un inmigrante con sombreros de colores con purpurina, y tres pares de gafas diferentes en la cabeza, lleva un corcho blanco con collares, pulseras, cosas que hacen luz, gafas, más gafas y otras cosas inútiles. Me intento imaginar ya cosas de su vida. ¿Dónde vivirá? de todo eso que lleva, ¿Venderá algo? ¿Quien es? ¿Tiene familia? me dejo llevar por mi mente y me imagino, construyo una vida alrededor de la imagen de esa persona desesperada que busca sobrevivir. Sus sueños, su vida pasada, su presente. Todo sin que haya hecho falta que dijera nada. Ahí tienes la diferencia con mis pacientes. Sin que su boca pronuncie palabra, ni me relate sus penas de forma interminable. Dejo de mirarle, solo ese segundo ha sido mi centro de atención. Eso me deja respirar, poder desconectar, puedo dejarlo atrás, no me persigue ni agobia. Es solo un pasatiempo.

Unos pasos más, me cruzo con un niño que tiene la cara enrojecida, llena de churretones de haber estado llorando y nuevas  lágrimas cayéndole por los mofletes. Se cuelga de la mano de un adulto, que supongo su padre. Interrumpe su llanto cuando una joven sale de una tienda de chucherías de esas con una báscula y productos a granel. la chica lleva un a piruleta, se la da al niño y despide con un beso al padre de la criatura y se va en dirección opuesta a ellos. El niño devora la piruleta, pero poco a poco se da cuenta  de que la chica joven no está con ellos y reanuda su llanto al grito de "¡Mamá, mamá! El padre preocupado le dice que ella pronto va a volver y que esa piruleta es para que se acuerde de ella. El pequeño no comprende.

Doblan la esquina y pronto de jo de oírles, aún queda el llanto de fondo, eso sí. Ya hace rato que les he imaginado una vida, una de tantas posibilidades. Ella va al trabajo, turno de noche, es enfermera. No, trabaja en una tienda 24h. o va a ver a un familiar al hospital. Cosas demasiado complejas para que entienda el niño, que seguramente siga llorando hasta tarde, agobiando al padre que estará pendiente del momento en el que se abra la puerta de casa y pueda volver a descansar de su pequeño.

Sigo y busco otra vida, ávido de más historias, segundos de existencias cotidianas, con tantos matices, vivas, dinámicas. Sonrío mientras me adentro y me enredo en las telaraña de conversaciones y personas de as ciudad. Para sentirme vivo, yo y partes del resto...