jueves, 14 de junio de 2012

El Lenguaje de los Suspiros

Miró otra vez el número de la habitación apuntado en la página arrancada de la agenda telefónica. 237.entró por una de esas puertas giratorias de cristal, cruzándose con una monja que salía.

Arrugó la nariz al entrar, nunca le habían gustado los hospitales, ni cómo olían. cruzó el vestíbulo, un espacio enorme con plantas que parecían de plástico y mamparas de cristal translúcido separando salas de espera de las que salían suspiros largos y pesados, de resignación, desesperados de alivio y algunos de simple aburrimiento y algunos de simple aburrimiento. Dejó atrás ese amalgama de diferentes historias, un lenguaje de sentimientos y fracciones de pensamientos exhaladas.

Ascensor. -¿Sube? -Sí, piso dos. Rostros serios con la mirada perdida. Primer piso. Suben, bajan. Segundo piso. Él baja, aliviado de dejar atrás tanta gente y al mismo tiempo un ascensor tan vacío. Callados inmóviles, sin mirarse o quizás sin verse. La gente es invisible en los hospitales.

Camina por el oscuro pasillo a oscuras, no invita a entrar. 235...236...237.
Se sorprendió al ver luz saliendo de allí. Se asomó por la puerta y el hombre de la cama le miró, una débil sonrisa iluminó su cara, entre los suspiros de los dos ángeles mortales que velaban por él.Entró y saludó silenciosamente con la mirada a los que allí se encontraban: su tío convaleciente, su madre y la madre de ambos. Se sintió más tranquilo e involuntariamente de su boca surgió entre aliviado y angustiado un suspiro tenue.

No hay comentarios:

Publicar un comentario