* * *
Lleva toda la tarde de autobús a andén de metro y vuelta a empezar, la cuidad es grande. Con el frío que hace no apetece moverse, ha salido con poco abrigo, hoy se quería poner "mona". Quiere llegar a casa ya, no solo por estar congelándose, pero es que tiene un plan esta noche y se quiere preparar, mucho. Es una tarde de viernes que promete.
Ha decidido aprovechar que esta noche con el novilunio se podrá ir a ver estrellas,por si se ve sagitario, su signo. Una noche estrellada igual que la que vio hace un año en su santo, el 15 de agosto. Llega a la finca con estos pensamientos rondándole la cabeza y con las manos heladas, temblorosas, trata de coger las llaves.Segunda planta, por las escaleras, una vez ene le piso deja la chaqueta en la entrada, se quita las zapatillas y el pantalón. En casa se va solo con camiseta.
* * *
Entra la luz del rellano por el resquicio bajo la puerta. Joven de unos veinte años observa el brillo, debe de haber sido la chica de la puerta de enfrente. La chica que vive sola. Bueno, igual que él. Es un personaje, sin más, su aspecto es de los que verías por la calle y te pararías en seco a mirar. Americana de tela antigua a cuadros, camisa arrugada a medio meter, zapatillas muy usadas, barba de tres días y como dos pozos, unos ojos con ojeras. Lleva pajarita.
Hoy no, hoy se queda dentro de casa, entonces se tumba en el sillón con el torso desnudo, con un gato enorme tumbado encima. El collar del felino tiene grabadas las siguientes palabras: Campeón, Laureado. Amo y animal están a gusto en su mundo silencioso, sin luces encendidas. Miran a la pared más grande de la casa, antes blanca y ahora convertida en un mural lleno de pensamientos. El joven habitante de la casa se quedó con ella por esa pared, quería vaciar ahí su mente. Está cubierta de espejos de todos los tamaños, sin marco, cientos de fotos de la gente de la calle desde la ventana en sepia y gris, nombres de un color: turquesa, añil, celeste, cyan... Hay constelaciones, cristales tallados que cuando las luces de la calle entran por el balcón la pared se convierte en un concierto de brillos, un firmamento. Un día dibujó flores, rosas de tinta negra que lloran por la pared ríos de ébano.
Hoy ha dejado la ventana de la calle abierta, para ver su mundo, las sombras, los destellos plasmados en la superficie iluminada con luces de las farolas.
* * *
Desde arriba en la azotea se ven las cortinas azules salir
por la ventana del segundo piso, para dejar entrar la luz de la calle, vuelan
sueltas al viento. Aquí arriba se nota más aún, se agitan las luces de navidad
blancas que alguien de la finca colgó entre las cuerdas de tender la ropa. En ellas
cuelga una corbata, una camisa negra con lunares blancos, dos camisetas de
tirantes y un par de calcetines de leopardo, huele a suavizante. El frío viento
cambia de dirección arrastrando por el suelo aviones de papel pintados a
acuarela con mensajes escritos y listas de cosas por hacer que alguien debe
haber dejado allí, o el viento, no sé. Crujen las antenas de televisión el
zumbido de los tornillos oxidados de lluvia, susurran las hojas de las pilistras,
las mimosas y la buganvilla frotándose entre sí. Salpica el chorro de una
fuente con ranas de metal. Silencio suave.
No como abajo, las sirenas los motores, el humo, las ruedas
de las carteras de los niños pequeños pasando por los surcos de las aceras,
gritos. Ruido.
Por encima de todo eso, sobre la calle, una figura hace
equilibrismo entre edificio y edificio. En pijama, sin las zapatillas que ha
dejado en la azotea entre los aviones de papel, parece caminar por el aire,
flota. Ojos cerrados. En la mano, un último mensaje escrito a pluma: “Vamos a
andar por los cables”
* * *
* * *
La ventana del tercero está cerrada.
El dueño del piso trabaja en una casa a oscuras en una de
sus nuevas creaciones con alas. Medido, sobrio, meticuloso, encaja a la
perfección. Lo posa en la palma de la mano y echa a volar la mariposa a
engranajes que acaba de montar. Sisean
las superficies pulidas de los escarabajos de metal raspando el suelo,
cientos de patas de cucarachas de cobre con su repiqueteo incesante llenan el
aire. Es un murmullo suave de latón y soldaduras de estaño. Desagradable.
Moscas construidas con la exactitud de un relojero zumban por el salón y se
chocan con los cristales intentando escapar. Podría parecer un lugar lleno de
vida, pero es una mentira de metales oxidados, artificial, eléctrico y
plástico. Frío y calculado.
La ventana del tercero sigue cerrada.
Pero hace calor dentro y la abre un poco. La figura vuelve a
estar en el cable esta noche. “Otra vez no”, piensa.
Abre los veintitrés cerrojos de la puerta y sale al rellano.
Cierra contres llaves diferentes y sube por el empinado desnivel que ofrecen
los escalones, agarrado a la verja sucia que separa la escalera del hueco del
ascensor. Telarañas. El contador de la luz se apaga a medio camino y el rellano
se queda a oscuras. No la vuelve a encender, está más a gusto así.
La puerta de la azotea chirría, él se limpia los restos de óxido
de la verja pasando las manos por el pantalón., se acerca al borde del edificio
y mirando al hombre que se balancea a quince metros de de altura en el cable
pregunta:
—
¿Otra vez aquí? ¿Ahí subido?
— Ya
lo sé — responde el otro hombre— otra vez ha sucedido, volaron los manteles y
el domingo se hizo especial.
— Nunca
te he entendido cuando hablas. Además hoy no es domingo, es viernes. — suelta en un gruñido el relojero de
insectos.
— Pero
¿A que no sabes dónde he vuelto hoy? Donde solíamos gritar.
— ¡Calla!
¡Calla! —le interrumpe— Aquí solo vienes a llenar la azotea de papeles doblados
y dejas esto desastrado, lleno de cacharros y polvo.
El hombre del cable
sonríe calmado y dice— está bien, hablemos de
polvo y herida, de mi miedo a las alturas…
—Y ahí estás subido— vuelve a interrumpir el hombre del
tercero.
—Y eso que llamas "papeles doblados"— prosigue el
equilibrista, sin notar la interrupción— son aeroplanos que saludan moviendo un
espejo. Y una cosa más — concluye sacando una piedrecilla del bolsillo y
dejándola caer— mira, la gravedad.
— Estás
loco, te has ido completamente, antes no eras así.
— Yo
escogí la ambigüedad, tú el fantasma y lo real, te volviste “realista” y serio y te estás empezando a dar cuenta de lo que te dije: “sabrás que nadie te ha
elegido a ti así al azar, todo es un plan para ser un desgraciado más en la
ciudad”
— Ya…
siempre tan loco charlatán y alegre, me das envidia— dice algo triste el
relojero.
— Pero
no desistas, nos quedan muchos más regalos por abrir y veo que quieres venir,
veo, tu mecanismo de autocontrol en tus miradas, tú lo quieres pero entre los
dos solo ha palabras.
— Y
es peligroso subir, un vicio que te podría matar.
— Eso…
—piensa unos segundos cambiando el pie sobre el cable, lo que hace que el
hombre de la azotea se acerque intranquilo— aún quedan vicios por perfeccionar
en los días raros. Vamos, todos duermen ya, dejarse llevar...
— Suena
demasiado bien, siempre con nuestra batalla como cabeza y corazón.
Con una carcajada el joven del
cable exclama:
— ¡Lo
has hecho!
— ¿El
qué?
— Hablar
como yo, como si cantaras cada palabra, como si intentaras no respirar.
— Si
intentara ser quien ponga el aire.
Y mientras, se descalza y pone un
pie en los enganches del grueso alambre, susurrando:
— Vamos a andar por los cables.
* * *
* * *
En el baño del segundo piso, puerta A, burbujas en la bañera. Ella, con todo el cuerpo bajo la espuma observa el techo distorsionado, aguantando la respiración. Sale. Coge aire y se levanta dejando que las gotas vayan corriendo por su cuerpo al remolino de desagüe. Vuelve a mirar el móvil, el último mensaje que dice que el plan de esta noche está anulado. Resopla. Abre twitter y escribe "¿Alguien me adopta?" Lo da por perdido, se seca y se pone la primera camiseta que pilla. Tendría que ir haciendo la cena. En la puerta de la nevera lee la lista de la compra.
La abre, el contenido es tan alentador como su tarde hasta ahora, entonces se acuerda de la blusa de lunares y los calcetines de leopardo tendidos en la azotea, habrá que recogerlos. Al abrir la puerta de la escalera una corriente de aire le hace tiritar pasando por su pelo aún mojado. Viene de justo enfrente, puerta B, que está entreabierta. está todo a oscuras y ella sigue en camiseta y ropa interior, descalza. pero como si de una polilla yendo hacia una lámpara se tratase, sin pensar en ello, camina por el rellano entre las puertas.
La abre, el contenido es tan alentador como su tarde hasta ahora, entonces se acuerda de la blusa de lunares y los calcetines de leopardo tendidos en la azotea, habrá que recogerlos. Al abrir la puerta de la escalera una corriente de aire le hace tiritar pasando por su pelo aún mojado. Viene de justo enfrente, puerta B, que está entreabierta. está todo a oscuras y ella sigue en camiseta y ropa interior, descalza. pero como si de una polilla yendo hacia una lámpara se tratase, sin pensar en ello, camina por el rellano entre las puertas.
La luz dentro es muy tenue y por pura curiosidad aparta el miedo y entra, quizás alguien haya entrado a robar,quizás el dueño la ha olvidado abierta. Ahora que lo piensa pocas veces ha visto al vecino de su rellano, le ha parecido alguien curioso, curioso en el buen sentido. Avanza por el pasillo de entrada como si fuera un laberinto a pesar de ser recto, es lo que suele pasar en las casas ajenas y desconocidas. Llega al salón y entonces lo ve, sentado en la corriente formada entre la ventana y la puerta de la calle. Sin camiseta y la mirada perdida en la pared ante él. podría decirse que de existir el amor a primera vista, esto sería lo más parecido. A ella le gustó su tranquilidad, su excentricidad casi palpable, en él, en su casa. Un dios del Olimpo renacentista tumbado en un sillón. Entonces él se incorpora y la mira extrañado y algo interesado. Ella nerviosa se intenta justificar:
-Perdona, no quería molestarte, estaba la puerta abierta y he entrado porque... y me estoy muriendo de vergüenza y.. y- dice cada vez más nerviosa- ¿Qué haces ahí sentado?
Él, con calma aunque algo perplejo ante esta visita inesperada que no deja de hablar en su salón, responde:
-Ver mis estrellas- señala a la pared.
Entonces ella también se gira y con asombro descubre el amalgama de negros y azules, aleaciones de sepia y gris, destellos y astros de cristal suspendidos en el yeso del tabique, con un orden difuso en todo ese caos.
-Es precioso- murmura ella
-¿Te quedas? -pregunta él- tengo otro sillón.
Ella no puede evitar sonreír, ya tiene plan para esta noche.
* * *
Ajeno a la tranquilidad el resto de la finca, en el primer piso hay un constante ajetreo: caen cubiertos en una inmensa pila con espuma, se agolpan vasos sucios para ser lavados en un rincón de la encimera. El inmenso horno rugiendo prepara canapés de foie y especias y tostadas para el caviar. Se descorchan botellas de Moët arropadas por el rocío que deja el contacto con la humedad del aire. Llegan cajones de fruta con naranjas y cítricos para el zumo que, recién exprimido se sirve en copas finas sobre un a bandeja de plata. La bandeja es llevada entre el trajín de la cocina iluminada en una sobria luz blanco-azulada para pasar por la puerta de la cocina y bañarse en la deslumbrante luz de colores. los choques de las copas, con las voces y las risas, las pompas de jabón destellando suspendidas en el aire inmóviles, confeti y lámparas con mariposas de metal proyectando sus sombras por el piso, sobre los espejos de las paredes y el reflejo de los invitados que bailan con la música ensordecedora que impone su reinado a golpe de bombo.
La casa es enorme, cabría esperar después de la unión de ambas viviendas de la planta. Los propietarios, tras su luna de miel en Barcelona, el mismo día de la vuelta compraron la planta entera, tiraron el tabique que separaba ambas viviendas y pintaron todas las paredes de blanco. De ellos, la pareja, poco se puede decir, por que poco se sabe. Ni los asistentes a las fiestas ni los sirvientes le han visto jamás, nadie está seguro de quienes son los anfitriones de la orgía de embriaguez y derroche de cada viernes. En el fondo, todos son anónimos, un nombre y una prenda, en estas fiestas no hace falta una personalidad, los anfitriones lo saben y quien sabe sobre algo lo usa a su antojo. A veces se mezclan en la fiesta, de incógnito, riéndose con o de los invitados, viendo lo ridículo de sus vestimentas o su forma de bailar. La pareja lleva tres años mirando riéndose, dando fiestas en las que espían a escondidas, viviendo su propio mundo en su burbuja. Viven aparte haciéndose fotos con máscaras extravagantes en la fiesta, como si el confeti, la luz y el estruendo de la música no estuvieran. Solo ellos, mucho mejor.
* * *
Es un poco tarde para cuando llega con su maletín colgado al hombro, la corbata quitada y la camisa llena de arrugas de un día de trabajo. Un poco tarde para la barbaridad de la fiesta de primer piso, piensa. Un día bajó a una de ellas, lo detestó y decidió no volver jamás, aunque él viviendo en el quinto piso no nota molestia alguna por dichas fiestas. Es informático, de "trentaitantos, cuarentaipocos" años de edad. Trabaja en una seria, importante y (a decir verdad) no muy exitosa empresa de gestión de envíos y logística. Números de envío: aburrido y monótono, que es lo mismo. Al llegar al quinto piso, por las escaleras, va olvidando todo ese aburrido mundo. descuelga su maletín, extrae de él un estuche de cuero y enciende las luces. Mientras se calientan los focos parpadeando, extrae el contenido del estuche.
La recién encendida luz baña el piso, su taller. Cientos de focos colgando de hilos de pesca, corchos in instantáneas por todas las paredes y montones de carretes usados. el fotógrafo centra su atención en el objeto del estuche: Quita el objetivo, la correa y el carrete de negativos de su interior. Coloca el resto de la antigua cámara de fotos en su hueco reservado entre muchos otros objetivos y cuerpos de cámaras fotográficas de todas las épocas marcas y diseños. Atrás queda la seriedad y formalidad de su trabajo, se arremanga la camisa y se dispone a divertirse viendo fotogramas. Revela fotos de escenas callejeras de tiendas de antigüedades y gente probándose máscaras de gas dentro. Jóvenes descargando cajas de fresas de un camión. Capturas de historias e instantes, en instantáneas archivadas, que a través del objetivo de su cámara él va siguiendo sin conocer el guión.
hay una pareja que aparece en las capturas a lo largo de la colección, desde hace tres años. Con fechas marcadas:
26/8/10 en las fiestas de un pueblo.
23/4/11 en un callejón entre besos y risas.
Entre otras instantáneas de palomas en un a plaza a de Madrid, calles de adoquines, fotos de cables de la luz. La pareja señalando estrellas en un campo de noche. gente mayor con sillas de enea sentados en las puertas de las casas, atardeceres ente nubes. Fotos de las fiestas de sus vecinos del primero, como de película.
Observa la nueva tanda de fotos recién reveladas bajo la luz roja, van apareciendo a medida que los productos químicos van dándole color. Se dibujan las siluetas de monumentos, playas y un parque con la pareja de antes 30/3/13. El fotógrafo se recuesta en una silla de escritorio, admirando las fotos, las imágenes con sus respectivos recuerdos e historias. nunca ha revelado a nadie su secreta afición pero mira, toma nota de la fecha, fotografía y luego sigue mirando y admirando esas ventanas a otros tiempos y lugares.
* * *
Envuelto en la reja oxidada en el hueco de la escalera y cubierto de polvo está el ascensor, testigo más antiguo de historias de la finca. Ascensos besos, descensos, enfados o silencios incómodos entre desconocidos dudando si hablar sobre el tiempo, incluso noches de fiesta que empiezan saliendo del ascensor o volviendo a los pisos en él. De esas historias hay una que solo ocurre en el ascensor y se repite casi a diario casi siempre en el cuarto piso. En el rellano de dicho piso podría decirse que hay un espejo, en sentido figurado. En cada piso del rellano vive una chica, ambas son de la misma estatura y el color de sus ojos y hasta el pelo y las facciones de sus caras son idénticos, incluso la forma de vestir. Esto último de forma voluntaria puesto que estas gemelas, quizás por compartir el vientre materno, comparten una afición: pasan el día en los rellanos acechando a los vecinos.
Todo comienza cuando una de ellas oye la puerta abrirse en alguno de los rellanos inferiores o en el portal. Entonces se apresuran a dicha puerta y una de ellas asalta al vecino o al cartero o cualquier pobre desgraciado que ha caído en sus manos, con la pregunta: "¿macedonia o bocata de calamares?". Ante la estupidez de la pregunta, el tipo que confundido intenta entender la pregunta tartamudea y empieza a ponerse algo nervioso. Entonces la chica pregunta si puede bajar con él en el ascensor, si el interpelado acepta bajan y ella le mira sonriendo hasta que llegan al portal, les encantan los silencios incómodos. Si por el contrario la víctima prefiere bajar por las escaleras, la hermana se queda arriba. La otra espera en el rellano en ambos casos, para que al salir del ascensor o al bajar por la escalera la persona confusa por lo que le acaba de pasar se la encuentre y esta le grita algo absurdo como "¿Fresas con o sin nata?"
Normalmente huyen asustados y ellas se quedan llorando de la risa apoyadas en la pared con las manos en la tripa que duele de tanto reír. En esta vida da mucho juego tener dos caras.
* * *
Quinto piso. 3 y 23 de la madrugada.
Papeles arrugados manchados de tinta tirados por el suelo, máquinas de escribir desgastadas y un ordenador con word abierto y nada escrito. Denotando la frustración de un escritor, que aún luma en mano, ronca sobre el escritorio, soñando. Lleva horas, días, semanas y milenios tratando de escribir un (lo que él diría) un verdadero bombazo.
"Quisiera aunar una personalidad por fragmentos", sueña.
Una visión grande, gigante, colosa. De una persona, en su sueño empiezan a encajar los trozos, ve una finca. En la finca, ve un piso dedicado a los recuerdos, otro al amor, la locura y su lucha contra la cordura, la extravagancia y la cotidianidad en el segundo piso o las múltiples caras de una persona.
Despierta sobresaltado
No sabe si será un bombazo. Pero ya lo tiene, los arrebatos de inspiración han de ser aprovechados. Coge una nueva página y con letra clara y elegante comienza.
Todo comienza cuando una de ellas oye la puerta abrirse en alguno de los rellanos inferiores o en el portal. Entonces se apresuran a dicha puerta y una de ellas asalta al vecino o al cartero o cualquier pobre desgraciado que ha caído en sus manos, con la pregunta: "¿macedonia o bocata de calamares?". Ante la estupidez de la pregunta, el tipo que confundido intenta entender la pregunta tartamudea y empieza a ponerse algo nervioso. Entonces la chica pregunta si puede bajar con él en el ascensor, si el interpelado acepta bajan y ella le mira sonriendo hasta que llegan al portal, les encantan los silencios incómodos. Si por el contrario la víctima prefiere bajar por las escaleras, la hermana se queda arriba. La otra espera en el rellano en ambos casos, para que al salir del ascensor o al bajar por la escalera la persona confusa por lo que le acaba de pasar se la encuentre y esta le grita algo absurdo como "¿Fresas con o sin nata?"
Normalmente huyen asustados y ellas se quedan llorando de la risa apoyadas en la pared con las manos en la tripa que duele de tanto reír. En esta vida da mucho juego tener dos caras.
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Quinto piso. 3 y 23 de la madrugada.
Papeles arrugados manchados de tinta tirados por el suelo, máquinas de escribir desgastadas y un ordenador con word abierto y nada escrito. Denotando la frustración de un escritor, que aún luma en mano, ronca sobre el escritorio, soñando. Lleva horas, días, semanas y milenios tratando de escribir un (lo que él diría) un verdadero bombazo.
"Quisiera aunar una personalidad por fragmentos", sueña.
Una visión grande, gigante, colosa. De una persona, en su sueño empiezan a encajar los trozos, ve una finca. En la finca, ve un piso dedicado a los recuerdos, otro al amor, la locura y su lucha contra la cordura, la extravagancia y la cotidianidad en el segundo piso o las múltiples caras de una persona.
Despierta sobresaltado
No sabe si será un bombazo. Pero ya lo tiene, los arrebatos de inspiración han de ser aprovechados. Coge una nueva página y con letra clara y elegante comienza.
"Calle Espino Blanco
Diez personas..."

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