miércoles, 1 de abril de 2015

Lo tienes justo delante...

Despertador. Sueño. Se estira. Un suave gruñido. Ella dice: “buenos días <3”. Ahora, es cuando empieza el día.

Lleva más de un año en esta relación, más de un millón de mensajes, miles de minutos de llamadas al teléfono. Qué grande suena todo así, qué grandes se ven y qué pequeño es el resto del mundo cuando están a solas juntos, o separados.

Mientras desayunan, él la va leyendo, mirando. Siempre tiene sueño, y él, igual de dormido, le hace sonreír llamándola marmota. Se acuerda de la cara que pone cuando duerme, de lo guapa que está por las mañanas. Muchas veces le hace un pequeño pase de modelos con lo que piensa llevar hoy a clase, le encanta verla con ese gorro gris de dos pompones que le regaló.

Luego no se ven, no se leen, pasan unas horas. Qué largas se hacen. Y el reencuentro siempre es mejor que cualquier sorpresa que cualquier regalo. Es el mejor regalo. Y siempre se vuelven a encontrar con el corazón por delante, con la energía que da volverse a ver…


Ella le cuenta que hoy algún descerebrado en clase ha hecho el idiota más que de costumbre, él le dice que está escribiendo algo en un cuaderno para ella en San Valentín, pero que de momento sólo va a ver el principio. Él va a hacer la comida, ella a estudiar, van al compás. Ella va  la ducha, él a hacer la maleta. Él envuelve un regalo, ella otro. En cuatro días dejarán de darse los buenos días en una pantalla, ella le saltará encima por las mañanas. Ella propondrá una ducha juntos, una cena, una siesta y romperán todo lo que los ha separado tanto tiempo a tantos kilómetros. Estarán a un metro de distancia.






"Tanto tiempo esperando que fuera hoy
para pensar que mañana será mejor 
[...]
Lo tienes justo delante
a un metro de distancia."

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