Despertador. Sueño. Se estira. Un suave gruñido. Ella dice:
“buenos días <3”. Ahora, es cuando empieza el día.
Lleva más de un año en esta relación, más de un millón de
mensajes, miles de minutos de llamadas al teléfono. Qué grande suena todo así,
qué grandes se ven y qué pequeño es el resto del mundo cuando están a solas
juntos, o separados.
Mientras desayunan, él la va leyendo, mirando. Siempre tiene
sueño, y él, igual de dormido, le hace sonreír llamándola marmota. Se acuerda
de la cara que pone cuando duerme, de lo guapa que está por las mañanas. Muchas
veces le hace un pequeño pase de modelos con lo que piensa llevar hoy a clase,
le encanta verla con ese gorro gris de dos pompones que le regaló.
Luego no se ven, no se leen, pasan unas horas. Qué largas se
hacen. Y el reencuentro siempre es mejor que cualquier sorpresa que cualquier
regalo. Es el mejor regalo. Y siempre se vuelven a encontrar con el corazón por
delante, con la energía que da volverse a ver…
Ella le cuenta que hoy algún descerebrado en clase ha hecho
el idiota más que de costumbre, él le dice que está escribiendo algo en un
cuaderno para ella en San Valentín, pero que de momento sólo va a ver el
principio. Él va a hacer la comida, ella a estudiar, van al compás. Ella
va la ducha, él a hacer la maleta. Él
envuelve un regalo, ella otro. En cuatro días dejarán de darse los buenos días
en una pantalla, ella le saltará encima por las mañanas. Ella propondrá una
ducha juntos, una cena, una siesta y romperán todo lo que los ha separado tanto
tiempo a tantos kilómetros. Estarán a un metro de distancia.
"Tanto tiempo esperando que fuera hoy
para pensar que mañana será mejor
[...]
Lo tienes justo delante
a un metro de distancia."
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